Tenemos derechos. Pero también tenemos obligaciones. Y quizá una de las obligaciones que menos ejercemos como ciudadanos sea la de exigir a quienes nos representan que respondan por aquello que gestionan en nuestro nombre.
Vivimos en una sociedad en la que conocemos muy bien nuestros derechos. Los reclamamos —y debemos hacerlo— cuando consideramos que están siendo vulnerados.
Pero hablamos bastante menos de nuestras obligaciones.
Y no me refiero únicamente a cumplir las leyes, pagar nuestros impuestos o respetar las normas de convivencia. Hablo de una responsabilidad mucho más profunda: la de ejercer activamente nuestra ciudadanía.
Preguntar. Participar. Exigir. Pedir explicaciones. Solicitar información. Reclamar acciones concretas. Y pedir rendición de cuentas a quienes tienen responsabilidades públicas.
Eso también es ciudadanía.
Y, para mí, también es liderazgo.
¿Por qué llevé Ceuta al Parlamento Europeo?
El pasado 4 de agosto de 2026 presenté una petición ante el Parlamento Europeo sobre la situación de Ceuta.
Lo hice como ciudadana española y europea.
No representaba a ningún partido político ni pretendía entrar en una confrontación ideológica. Lo hice porque entendí que tenía la responsabilidad de utilizar los mecanismos que nuestras instituciones ponen a disposición de los ciudadanos para preguntar, exigir respuestas y reclamar soluciones.
Mi petición planteaba cuestiones relacionadas con la situación de la frontera exterior de Ceuta y pedía, fundamentalmente, información, transparencia, coordinación institucional y una respuesta que trascendiera la gestión puntual de cada crisis.
Porque Ceuta no necesita vivir permanentemente reaccionando ante emergencias.
Ceuta necesita un plan estructural.
Un plan que contemple la frontera y sus infraestructuras, la economía y la aduana, la cooperación entre España, Marruecos y la Unión Europea, la dimensión humana y los derechos fundamentales.
Pero, sobre todo, un plan que pueda ser evaluado.
Con acciones concretas, responsables, recursos y fechas.
Porque una política pública sin responsables, sin calendario y sin mecanismos de seguimiento corre el riesgo de convertirse simplemente en una declaración de intenciones.
De presentar una petición a defenderla en Bruselas
La petición fue registrada con el número 2092/2026, bajo el título Events at the external border in Ceuta, Spain.
Y el 28 de septiembre, menos de dos meses después de haberla presentado, tuve la oportunidad de defenderla personalmente en Bruselas ante la Comisión de Peticiones del Parlamento Europeo (PETI).
PETI es la comisión del Parlamento Europeo que estudia las peticiones presentadas por ciudadanos y residentes de la Unión sobre cuestiones que se encuentran dentro de los ámbitos de actuación de la UE.
Sentarme allí y disponer de unos minutos para hablar de Ceuta ante las instituciones europeas fue importante.
Pero no por el hecho de estar en Bruselas.
Lo importante era por qué estaba allí.
Una ciudadana había utilizado un derecho que le concede la Unión Europea para pedir explicaciones a sus instituciones y reclamar acción ante un problema que considera que afecta a España y a Europa.
Y las instituciones habían abierto la puerta para escucharla.
Eso es democracia.
No solamente votar cada cuatro años.
Democracia es también participar entre elección y elección.
Ceuta sí importa en Europa
Mi intervención no se produjo en un vacío institucional.
Durante aquellas semanas pude comprobar que la situación de Ceuta estaba siendo abordada por las instituciones europeas.
El Parlamento Europeo debatió la situación y el 17 de septiembre aprobó una resolución en la que expresó su apoyo y solidaridad con Ceuta y Melilla y reclamó, entre otras cuestiones, reforzar la protección de las fronteras exteriores de la Unión y profundizar en la cooperación necesaria para afrontar el problema.
Porque la frontera de Ceuta no es únicamente una frontera española.
Es también frontera exterior de la Unión Europea.
Y eso cambia la dimensión del problema.
Por eso una de las ideas fundamentales que quise trasladar en PETI fue que no podemos seguir gestionando Ceuta únicamente desde la emergencia.
Hay que transformar las respuestas excepcionales en estructuras permanentes, preventivas, coordinadas y evaluables.
¿Y qué tiene que ver todo esto con el liderazgo?
Mucho.
Durante años he trabajado sobre liderazgo, ética y dirección por valores. Y cada vez estoy más convencida de que hemos reducido excesivamente el concepto de liderazgo al ámbito empresarial.
Liderar no es solamente dirigir personas.
Tampoco consiste únicamente en ocupar un cargo.
Liderar es asumir responsabilidad sobre aquello que está en nuestra esfera de influencia.
Y la ciudadanía forma parte de esa esfera.
Si cada ciudadano se tomara sus obligaciones con la misma seriedad con la que reclama sus derechos, probablemente tendríamos sociedades mucho más exigentes con quienes las gobiernan.
Una ciudadanía que pregunta:
¿Qué van a hacer?
¿Quién será responsable?
¿Con qué recursos?
¿En qué plazo?
¿Cómo vamos a medir si se ha cumplido?
Son exactamente las mismas preguntas que se hacen en cualquier organización bien gestionada.
A cualquiera de nosotros, trabajemos por cuenta propia o ajena, se nos exigen objetivos, resultados, responsabilidades y plazos.
¿Por qué deberíamos exigir menos a quienes administran los recursos públicos y toman decisiones que afectan a millones de personas?
El liderazgo ciudadano también exige rendición de cuentas
No creo en una ciudadanía instalada permanentemente en la protesta.
Creo en algo bastante más incómodo y exigente: una ciudadanía responsable.
Una ciudadanía que se informa antes de opinar.
Que distingue los hechos de las consignas.
Que utiliza los cauces institucionales.
Que reconoce lo que se está haciendo bien.
Pero que también pregunta qué falta por hacer.
Y que, cuando recibe compromisos, vuelve a preguntar por los resultados.
Eso es rendición de cuentas.
Y la rendición de cuentas no debería interpretarse como una agresión hacia quienes ocupan responsabilidades públicas.
Debería ser entendida como una parte natural del ejercicio democrático.
Porque quien acepta una responsabilidad acepta también la obligación de explicar cómo la ejerce.
Ceuta no puede sentirse sola
Pero detrás de las fronteras, los acuerdos, las instituciones y las políticas hay algo que nunca deberíamos perder de vista:
personas.
Personas que viven en Ceuta.
Personas que trabajan allí.
Familias.
Fuerzas y cuerpos de seguridad.
Personas que llegan hasta una frontera empujadas por circunstancias que muchas veces desconocemos.
Por eso mi intervención quiso introducir también una dimensión humana.
La política migratoria, la seguridad de las fronteras y las relaciones internacionales pueden ser extraordinariamente complejas.
Pero la complejidad no puede convertirse en una excusa para la inacción.
Ni puede hacernos olvidar la dignidad humana.
Defender Ceuta y defender los derechos fundamentales no deberían plantearse como objetivos incompatibles.
Una Europa fuerte debería ser capaz de hacer ambas cosas.
Servir también es liderar
Terminé mi intervención recordando una frase atribuida a Madre Teresa:
«El que no vive para servir, no sirve para vivir».
La elegí deliberadamente.
Porque detrás de cualquier responsabilidad pública debería existir una vocación de servicio.
Quienes ocupan cargos públicos no están por encima de los ciudadanos.
Están a su servicio.
Y precisamente por respeto a esa función debemos exigirles.
Con educación.
Con rigor.
Con datos.
Con propuestas.
Pero también con firmeza.
Mi petición continúa. La petición sobre Ceuta ha sido admitida y presentada ante la Comisión de Peticiones del Parlamento Europeo.
Ahora corresponde esperar la comunicación oficial de PETI sobre el resultado de la reunión y los siguientes pasos.
Mi responsabilidad como ciudadana tampoco termina después de haber intervenido en Bruselas.
Seguiré preguntando.
Seguiré haciendo seguimiento.
Y seguiré reclamando que Ceuta disponga de una respuesta estructural que vaya más allá de la siguiente emergencia.
Porque quizá el liderazgo empiece precisamente ahí:
cuando dejamos de preguntarnos quién debería hacer algo y empezamos a preguntarnos qué podemos hacer nosotros desde el lugar que ocupamos.
Yo elegí utilizar mi voz.
Y el 28 de septiembre esa voz habló de Ceuta en el corazón de Europa.
No era únicamente mi voz.
Era la voz de una ciudadana que cree que ejercer nuestros derechos implica también asumir nuestras obligaciones.
Y que una democracia fuerte necesita instituciones que respondan, pero también ciudadanos que pregunten.
Ciudadanos que participen.
Ciudadanos que exijan.
Ciudadanos que lideren.
Aquí puedes ver la intervención a partir del minuto 18.05.